
Una solución para el control de olores debe abordar las múltiples fuentes que generan el olor.
Por Ryan Scott
El olor corporal humano, aunque muchas veces invisible, representa un desafío significativo y persistente en el mundo de los textiles. Es mucho más que un olor desagradable; constituye un punto crítico para el consumidor que puede impactar drásticamente la percepción de una marca y la vida útil del producto. A medida que crece el interés por los textiles de alto desempeño y las prácticas sostenibles, también aumenta la demanda de soluciones de control de olores verdaderamente efectivas y duraderas. A medida que la industria textil continúa innovando, dominar el control de olores depende de comprender la química involucrada y adoptar métodos de evaluación integrales y científicamente rigurosos.
Una Sinfonía Química
El olor corporal humano no puede atribuirse a una sola fuente o compuesto. En realidad, es una mezcla compleja y dinámica de compuestos orgánicos volátiles (VOC, por sus siglas en inglés). Esta intrincada sinfonía química está influenciada por una combinación de factores, incluyendo la biología del individuo, su entorno, la química específica del sustrato textil y la actividad de los microorganismos presentes en la piel. El White Paper (Informe Técnico) de la American Association of Textile Chemists and Colorists (AATCC) de 2017 sobre técnicas de evaluación de olores en textiles destacó esta complejidad, presentando estudios de casos reales donde los análisis detallados de intensidad y perfil de olor revelaron consistentemente que las prendas contienen una amplia variedad de huellas olfativas.
Entre los odorantes más comunes e importantes encontrados en textiles se encuentran distintas entidades químicas, cada una con desafíos específicos para las tecnologías de control de olores:
- Ácido Isovalérico (C5H10O2): este ácido graso ramificado de cadena corta se caracteriza por un olor penetrante similar al queso. Se produce principalmente mediante el metabolismo microbiano de aminoácidos como la leucina. Debido a que es moderadamente hidrofóbico, el ácido isovalérico tiende a adherirse fácilmente a las fibras sintéticas, dificultando su eliminación.
- Ácido Acético (CH3COOH): un ácido carboxílico polar pequeño, que suele ser un subproducto de la fermentación del sudor. Su olor fuerte, similar al vinagre, es diferente al del ácido isovalérico. Debido a su mayor solubilidad en agua y volatilidad, se comporta de manera distinta en los sustratos textiles y requiere estrategias de neutralización diferentes.
- Amoniaco (NH3): este gas básico y altamente volátil se forma por la degradación de la urea, un componente del sudor. Conocido por su olor fuerte e irritante, el amoniaco puede escapar rápidamente de los tejidos. Sin embargo, su naturaleza alcalina representa desafíos distintos para las tecnologías de neutralización de olores en comparación con los compuestos ácidos.
- Nonenal (C9H16O): un aldehído insaturado frecuentemente asociado con el olor “a cartón” o “grasa” relacionado con el envejecimiento del olor corporal. Esta molécula es altamente lipofílica, lo que significa que se adhiere fuertemente a las fibras, especialmente al poliéster, y es notoriamente difícil de eliminar, exigiendo estrategias específicas y robustas para su neutralización efectiva.

La conclusión clave es que cada una de estas moléculas representa una clase química diferente — ácido, base o aldehído — e interactúa de manera única dentro de las matrices textiles. Una solución de control de olores diseñada para capturar o neutralizar un ácido puede no interactuar eficazmente con una base como el amoniaco o con un aldehído no polar como el nonenal. Por lo tanto, una solución verdaderamente efectiva debe contar con un mecanismo multifacético capaz de abordar esta amplia diversidad química.
Métodos de Evaluación con un Solo Odorante Son Insuficientes
A pesar de la diversidad química inherente al olor corporal humano, una práctica común en la industria textil ha sido validar muchas tecnologías de control de olores utilizando un solo odorante, generalmente el ácido isovalérico. Aunque el ácido isovalérico sirve como una referencia útil para ciertos aspectos del olor del sudor y de los pies, basar toda la validación de desempeño únicamente en este compuesto resulta fundamentalmente insuficiente para representar la complejidad total del mal olor corporal. Este enfoque limitado puede conducir a afirmaciones engañosas, ya que productos que aparentan ser efectivos contra el ácido isovalérico pueden fallar completamente al abordar otros odorantes críticos como el nonenal o el amoniaco, los cuales impactan significativamente la percepción de frescura, especialmente en ropa deportiva o en poblaciones de mayor edad.
La composición del tejido juega un papel crítico en el desempeño frente a los olores, pudiendo agravar aún más las limitaciones de las pruebas con un solo odorante. El spandex o elastano, es una fibra ampliamente utilizada en prendas de alto desempeño debido a sus propiedades de elasticidad y recuperación. Sin embargo, su inclusión modifica significativamente el comportamiento de los olores. Se sabe que el spandex tiene una mayor afinidad por el ácido isovalérico, el nonenal y el ácido acético en comparación con fibras sintéticas comunes como el poliéster o el nylon. Esta afinidad permite que el spandex retrase la liberación de los odorantes, lo que puede inflar artificialmente los resultados de reducción de olores en condiciones controladas de laboratorio.
Es importante destacar que esta retención no equivale a una verdadera eliminación del olor; en condiciones reales de uso, los olores atrapados en el spandex pueden liberarse nuevamente con el tiempo, especialmente cuando se exponen al calor corporal y al movimiento. En consecuencia, realizar pruebas en tejidos que contienen spandex, particularmente cuando se combinan con evaluaciones basadas únicamente en ácido isovalérico, puede sobrestimar el verdadero desempeño de un producto y ocultar las limitaciones de la tecnología en escenarios reales y más amplios.
Es indispensable adoptar un enfoque de evaluación multiodorante y químicamente diverso que refleje la verdadera naturaleza del mal olor corporal humano.
Estableciendo el Estándar de Oro: ISO 17299
Reconociendo las limitaciones de las pruebas con un solo odorante y la naturaleza compleja del olor corporal, la industria textil global ha recurrido cada vez más a la norma ISO 17299 como referencia para evaluar las propiedades desodorantes en textiles. Este estándar internacional está diseñado específicamente para realizar evaluaciones integrales, multiodorante y químicamente diversas.
La norma ISO 17299 está compuesta por varias partes, cada una enfocada en aspectos específicos de la evaluación de olores:
- ISO 17299-1: Principio General — Esta parte fundamental describe la metodología y los principios generales para evaluar propiedades desodorantes, enfatizando un enfoque integral para abordar diversos odorantes.
- ISO 17299-2: Método con Tubos Detectores — Esta sección detalla el procedimiento para evaluar el desempeño desodorante utilizando tubos detectores, principalmente para evaluar odorantes gaseosos como el amoniaco y el ácido acético.
- ISO 17299-3: Método por Cromatografía de Gases — Esta parte especifica el uso de cromatografía de gases para cuantificar con precisión la reducción de olores de VOC más complejos como el ácido isovalérico y el nonenal. Este análisis instrumental proporciona datos objetivos y repetibles sobre la eficacia de una tecnología frente a estos odorantes clave.

Para obtener la certificación ISO 17299, los productos textiles deben cumplir tasas mínimas de reducción para cada uno de los cuatro odorantes claves identificados — ácido isovalérico, nonenal, ácido acético y amoniaco (ver Figura 3). Estos umbrales fueron establecidos rigurosamente con base en extensas pruebas sensoriales y validados mediante los métodos de análisis instrumental descritos en la norma, garantizando que los niveles de reducción definidos correspondan a una mejora perceptible y efectiva en la sensación de frescura.
Este estándar riguroso y multifacético constituye la base esencial para cualquier afirmación creíble sobre control de olores, impulsando a la industria hacia soluciones más robustas y confiables que realmente aborden todo el espectro del olor corporal humano.
Nueva Generación para el Control de Olores
La creciente comprensión de la complejidad de los olores, junto con la mayor demanda de los consumidores por textiles de alto desempeño y sostenibles, ha impulsado la innovación en tecnologías de control de olores. Muchas soluciones, particularmente aquellas basadas en químicas con metales o biocidas, o con baja durabilidad al lavado, han demostrado ser insuficientes para satisfacer estas nuevas exigencias. Este panorama ha impulsado el desarrollo de soluciones avanzadas diseñadas para controlar eficazmente todo el espectro de malos olores, alineándose al mismo tiempo con los estándares modernos de seguridad y sostenibilidad ambiental.
Un ejemplo destacado de este enfoque de nueva generación es Freshology™, desarrollado por Microban International Ltd., con sede en Huntersville, Carolina del Norte. Esta tecnología representa una solución inspirada en la naturaleza, libre de metales pesados y no biocida, específicamente diseñada para neutralizar el amplio espectro de malos olores corporales, incluyendo ácido isovalérico, ácido acético, amoniaco y nonenal.
Mecanismo Único
La ciencia detrás de Freshology se centra en su mecanismo de acción único, que involucra una mezcla patentada de polímeros y componentes naturales (ver Figura 4). Esta combinación está diseñada para capturar y neutralizar los VOC mediante una combinación de interacciones físicas y químicas. Posteriormente, los odorantes capturados se liberan y se eliminan eficazmente durante el lavado.

Este mecanismo cíclico es clave para la capacidad de la tecnología de mantener una frescura duradera a través de múltiples usos y lavadas.
En términos de aplicación, tecnologías como Freshology suelen diseñarse para integrarse fácilmente en las líneas de producción textil existentes. Por ejemplo, puede aplicarse mediante procesos convencionales de acabado por fulard sin requerir pasos adicionales y generalmente demuestra compatibilidad con fibras comunes como poliéster, nylon y diversas mezclas, además de ofrecer flexibilidad en rangos de pH y temperaturas de curado.
Una tecnología basada en estos principios ha sido sometida a rigurosas pruebas frente a los cuatro odorantes principales identificados en la norma ISO 17299. Se ha observado que estas tecnologías cumplen consistentemente o incluso superan los niveles de reducción establecidos por la norma en una amplia variedad de tejidos, incluyendo fibras sintéticas que normalmente representan un desafío para el manejo de olores. Además, su desempeño está diseñado para mantener durabilidad y efectividad incluso después de numerosos lavados domésticos, demostrando su potencial para proporcionar control de olores a largo plazo en aplicaciones textiles exigentes.
Las tecnologías avanzadas de control de olores suelen presentar perfiles ambientales libres de metales pesados y no biocidas, alineándose con las regulaciones emergentes y las preferencias de los consumidores. Estas innovaciones también pueden buscar certificaciones textiles relevantes como Oeko-Tex® Eco Passport y bluesign® Approval, lo que demuestra el cumplimiento de altos estándares de salud ambiental y seguridad.
Frescura de los Textiles con Rigor Científico
La complejidad del olor corporal humano exige un enfoque sofisticado y multiodorante para lograr un control efectivo de olores en textiles. Los métodos de evaluación basados en un solo odorante son insuficientes para reflejar el panorama completo, lo que puede conducir a productos con bajo desempeño en condiciones reales de uso. La norma ISO 17299 actúa como un referente global fundamental, ofreciendo un marco integral y científicamente riguroso para evaluar la capacidad de una tecnología de neutralizar el diverso espectro químico del mal olor corporal.
Las soluciones innovadoras respaldadas por la ciencia, como Freshology, son esenciales para las marcas que buscan cumplir la promesa de una frescura duradera y un desempeño superior. Al adoptar una comprensión científica profunda de la química de los olores y aplicar metodologías exhaustivas de evaluación, la industria textil puede avanzar más allá de simples agentes enmascarantes para crear textiles que realmente neutralicen los olores en todo el espectro.
Nota del Editor: Ryan Scott es un químico sénior de desarrollo de productos en Microban International Ltd., Huntersville, Carolina del Norte.
Segunda Edición de 2026