El mercado ya exige circularidad. América Latina aún está construyendo la capacidad para demostrarla.
Por Mónica Escobar-Hertzoff
Está Latinoamérica siendo evaluada bajo un modelo de circularidad para el cual todavía no existe el ecosistema industrial necesario? Sí. Aunque la respuesta es más compleja de lo que normalmente se presenta.
Latinoamérica tiene fabricantes dispuestos a avanzar, marcas globales impulsando nuevas exigencias y una industria que lleva décadas demostrando capacidad de adaptación. Lo que todavía no existe plenamente es la alineación entre infraestructura, incentivos económicos, mercados secundarios y distribución de la inversión necesaria para hacer viable la circularidad a escala industrial.
Ese desajuste no es un problema de voluntad. Es un problema de ecosistema. Y entender la diferencia importa, porque de esa diferencia dependen decisiones comerciales que ya están ocurriendo.
No Solo Conversación
Durante años, hablar de economía circular en la industria textil fue principalmente un ejercicio de posicionamiento. Las marcas la incluían en sus reportes de sostenibilidad. Los fabricantes la mencionaban en presentaciones comerciales. Los gobiernos la incorporaban en sus planes de desarrollo. Hoy esa conversación cambió de naturaleza.
La presión regulatoria desde los mercados de destino, particularmente Europa y EE. UU., está convirtiendo la circularidad de una preferencia en una condición de acceso al mercado. Las marcas que venden en esos mercados están trasladando esas exigencias hacia sus proveedores con calendarios específicos, no con buenas intenciones.
Lo que el mercado está comprando cada vez más no es únicamente producto. Está comprando capacidad demostrable: trazabilidad, contenido reciclado verificable, origen de materiales y capacidad de respuesta frente a nuevas exigencias regulatorias y comerciales.
Demostración Esperada
Muchos fabricantes de Latinoamérica conocen sus materiales, entienden sus procesos y tienen visibilidad sobre una parte importante de su cadena de suministro. El problema es que validar, certificar y presentar esa información tiene un costo que, para una empresa con márgenes ajustados, frecuentemente no es absorbible.
No es que la fábrica no haga el trabajo. Es que, en muchos casos, no puede absorber el costo de demostrarlo.
Una empresa puede estar operando con prácticas responsables y perder una oportunidad comercial no por incumplimiento, sino por incapacidad de demostrar lo que ya hace.
Costos de Transición
Las exigencias de circularidad están descendiendo rápidamente a través de la cadena de suministro. La inversión necesaria para cumplirlas está descendiendo exactamente al mismo ritmo.
Las marcas globales definen estándares, calendarios y mecanismos de verificación. En muchos casos, los proveedores terminan absorbiendo una parte importante del costo de adaptación: trazabilidad de materiales, rediseño de procesos, segregación de residuos, validación de contenido reciclado y certificaciones adicionales. Para una empresa grande, esa inversión es un proyecto. Para una PYME textil, es una disrupción operativa.
La circularidad como modelo tiene sentido. La distribución actual de su costo de implementación es una conversación que la industria todavía no ha tenido abiertamente.
Por ejemplo, en México la infraestructura de reciclaje textil es limitada, concentrada geográficamente y orientada principalmente al PET, no a las mezclas complejas que dominan la producción textil real. México recicla o reutiliza apenas el 0.4% de sus recursos, muy por debajo del promedio global del 7.2%.
Los mercados secundarios son igualmente incipientes. El mercado de reciclaje textil mexicano alcanzó aproximadamente 70 millones de dólares en 2024. Sin compradores que paguen precio viable por material recuperado, el incentivo para invertir no se sostiene. Es una trampa circular en el sentido más literal del término.
La regulación mexicana, aunque existe en papel, todavía no genera señales económicas suficientemente claras para justificar inversiones industriales de largo plazo. La diferencia entre tener una ley y tener un mecanismo es exactamente la diferencia entre una intención y una señal de mercado.
Lo Que Otros Mercados Entendieron Primero
Francia lleva más de una década operando esquemas donde las marcas financian parte de la infraestructura de recolección y reciclaje. Bangladesh y Vietnam están desarrollando capacidad de reciclaje impulsada por alianzas entre marcas globales y gobiernos locales. El denominador común no es regulación más estricta ni fabricantes más comprometidos. Es que alguien construyó el sistema antes de exigir que funcionara.
La lección es directamente aplicable a la región a medida que los países participan activamente en cadenas globales de suministro que ya están comenzando a incorporar exigencias de circularidad, trazabilidad y capacidad demostrable. En América Latina, ese ecosistema industrial todavía se encuentra en distintas etapas de desarrollo.
El desafío es regional.
Latinoamérica no está fallando en circularidad. Latinoamérica está intentando construir circularidad mientras simultáneamente construye la infraestructura, los mercados y los modelos económicos que la hacen posible.
La diferencia ya no estará entre quienes quieren adaptarse y quienes no. Estará entre quienes entiendan suficientemente temprano cómo traducir las nuevas exigencias del mercado en capacidad operativa real.
La capacidad demostrable no se improvisa. Se construye.
Nota metodológica: Datos regulatorios y de mercado basados en fuentes públicas de la UE, legislación mexicana y estadísticas verificables del sector textil y de reciclaje en México y América Latina.
Mónica Escobar-Hertzoff, Fundadora y Asesora Ejecutiva de MEH Strategic Alliance LLC, se especializa en cumplimiento operativo y acceso al mercado para la industria textil en América Latina, con más de 28 años de experiencia traduciendo exigencias globales en capacidad operativa demostrable. monica@mehalliance.co; linkedin.com/in/monica-escobar-hertzoff-30b2337/
Tercera Edición de 2026


